Hábitos que merman tu salud, generan inflamación y estrés

Hábitos que merman tu salud, generan inflamación y estrés

¿Alguna vez te haz puesto a pensar que, de manera cotidiana, realizas algunas prácticas que pueden generarte estrés e inflamar tu cuerpo? La verdad es que yo de pronto sentía inflamación y tensión en mis hombros y cuello, pero realmente no era consciente de qué lo causaba hasta que empecé a involucrarme profundamente en el tema de la salud para ayudar a mis clientes a sentirse mejor en cada área de su vida.

Te cuento un poco. Hay ciertos hábitos que contribuyen a la inflamación del cuerpo y al deterioro de nuestra salud.

No solo la comida impacta en tu salud

Si tienes hábitos de vida que dañan tu cuerpo y tu cerebro, así como tus emociones y tu espíritu, aunque comas balanceadamente o estés llevando a cabo un programa para desinflamar o desintoxicar a tu organismo, estás saboteando inconscientemente todos los esfuerzos por mejorar tu salud. A este autosabotaje se unen el estrés, la falta de conexión contigo mismo(a), con otros y con tu propósito de vida, lo que puede propiciar un problema de salud e inflamación crónica, pero trabajar en la mejora de esos hábitos sin duda ayuda a disminuir los riesgos y alcanzar una salud plena.

Por ello, a continuación, te comparto una breve lista de hábitos inflamatorios. Su revisión te permitirá tomar consciencia de todo aquello que impacta en tu bienestar, con la finalidad de atacar el hábito de raíz. Si detectas que presentas uno o más, contáctame, yo puedo acompañarte en el proceso de eliminación y guiarte hacia un camino de balance y bienestar.

  1. Estar sentado durante mucho tiempo: el cuerpo humano no fue creado para eso sino para estar en movimiento (caminar, correr, saltar, arrastrarse, trepar, cargar, nadar). ¿Puedes creer que es mejor sentarse en el suelo que en una silla? Al estar sentado por periodos prolongados provocas daños a nivel músculo esquelético y en órganos internos debido a la falta de movilidad; de igual manera, no permite que se bombee la sangre de manera eficiente ni que eliminemos toxinas y grasas como es debido. Estar sentado durante mucho tiempo se relaciona con resistencia a la insulina, con un mayor riesgo de cáncer, incluidos colon y mama, con atrofia muscular, problemas circulatorios, dolores de cuello y espalda, y con muerte prematura.
  2. Ver pantallas por tiempo prolongado: este es uno de los hábitos más complejos debido a que las prácticas actuales propician que las personas trabajen frente a la computadora durante varias horas al día, pero también que los niños, jóvenes y adultos pasen mucho tiempo en pantalla, ya sea surfeando en redes sociales, viendo la televisión o interactuando con videojuegos. ¡Pasamos alrededor de 10 horas al día viendo pantallas! La exposición prolongada reduce la concentración, daña áreas del cerebro asociadas con el control de impulsos, y se pierde sensibilidad y la habilidad de empatizar con otros. Además, puede comprometer las áreas que controlan la comunicación cerebro-cuerpo y se ha asociado con cambios cerebrales similares a las personas que consumen drogas. Ver pantallas por mucho tiempo también se asocia con los mismos problemas provocados al estar sentado por periodos prolongados, es decir, aumenta el riesgo de tener diabetes, enfermedades cardiacas y muerte prematura. Aunado a ello, puede presentarse el síndrome de visión por computadora, mismo que resulta en irritación de ojos y ojos secos, impedimento visual en niños y algunos problemas ortopédicos.
  3. Exposición a toxinas: vivimos en un mundo químico y desgraciadamente todos tenemos sustancias extrañas en nuestro cuerpo. Incluso los bebes pueden tener químicos industriales y contaminantes en su cordón umbilical. La buena noticia es que hay muchas maneras de eliminar estos químicos del cuerpo y aunque no podemos eliminarlos por completo, hay formas de reducir tu exposición a ellos. Eliminar los químicos y biotoxinas del sistema no requiere de mucho sacrificio, por ejemplo, muchas de las acciones cotidianas que hacemos, como lavarnos el pelo, usar maquillaje, limpiar la casa, e incluso cocinar, pueden involucrar al menos un grado de exposición a toxinas. Muchos de estos contaminantes son disruptores endocrinos, es decir, sustancias que alteran tu sistema hormonal natural. Algunos son cancerígenos y/o neurológicos.
  4. Negatividad: los seres humanos tenemos alrededor de 60,000 pensamientos al día y el 90% de estos pensamientos son repetitivos y, en muchas personas, además, son negativos. Esto incluye pensamientos sobre tus preocupaciones, críticas a tu apariencia o habilidades, temor al futuro o arrepentimiento del pasado. Los pensamientos negativos generan estrés y dañan tu salud. La ansiedad, el miedo, preocupaciones, arrepentimiento, pesimismo, enojo y odio son algunas emociones que te alejan de tu meta de salud debido a que producen hormonas, como el cortisol, que afectan directamente al sistema inmune. Las investigaciones demuestran que las personas que tienen una respuesta positiva a lo que ocurre en sus vidas vive más tiempo, enferma menos, se recupera más rápido y no se deprime tan fácilmente. Incluso tienen corazones más sanos y poseen más habilidades de afrontamiento.
  5. Mente de chango: se refiere a una mente que no descansa, no puede concentrarse porque brinca de un tema a otro sin profundizar. El resultado de tener una mente de chango crónica es que presentan problemas para poner atención por más de 30 segundos. También incluye a aquellas personas que padecen insomnio por estar en la cama dándole vueltas y vueltas a sus pensamientos o preocupaciones provocando que no descansen.
  6. Comida emocional: comer por estrés se presenta a modo de respuesta; es decir, la comida libera el estrés, nos distrae de sentimientos desagradables y nos provee un poco de placer ante la depresión y la ansiedad. En pocas palabras, comes para sentirte mejor. Comer por otra razón que no sea hambre, sobretodo si es algo crónico, es un problema que daña tu salud. Cuando comes “emocionalmente” la comida no te satisface; es una distracción temporal que te daña. Además, la comida que generalmente se consume por hambre emocional es alta en carbohidratos simples como azúcar, harina blanca, papas fritas o donas, que bien puede provocarte subir de peso y padecer problemas digestivos como inflamación y reflujo. A largo plazo, puede ocasionar un desorden alimenticio como bulimia o comer compulsivamente. Y puede detonar irregularidades en niveles de azúcar que causan dificultades nutricionales y provocan que la ansiedad y depresión empeoren.
  7. Aislamiento social y/o adicción a las redes sociales: las relaciones sociales pueden llegar a ser difíciles, incluso dolorosas, pero ¿qué sucede cuando éstas se desarrollan de manera virtual? Las redes sociales pueden llegar a ser muy divertidas, te permiten estar en contacto con viejos amigos y compartir detalles de tu vida con otras personas, pero esto puede convertirse en un problema cuando se vuelve tu actividad principal. Reconozcamos que fueron creadas para generar adicción. Las redes sociales provocan distanciamiento de la gente que está físicamente contigo, la comunicación se vuelve menos empática y las personas llegan a decir cosas que posiblemente no dirían en persona.
  8. Falta de un propósito superior: este punto es más filosófico y tiene el propósito de invitarte a pensar cuál es tu propósito de vida, qué te motiva a continuar tu viaje en salud. Ese propósito es lo que le da sentido a tu vida y tenerlo claro definitivamente ayuda a mejorar tu salud; a recuperarte de una enfermedad o cirugía; a tener una mayor y mejor función cerebral, incluyendo la disminución de riesgo de un accidente cerebrovascular.

Como puedes darte cuenta son hábitos de la vida cotidiana que, en mayor o menor grado, están presentes en nuestro día a día. Estoy segura que puedes identificarte con más de uno en este momento, si es tu caso, te invito a agendar una cita para analizar qué está pasando en cada área tu vida y ayudarte a recuperar el balance perdido. Recuerda que ser conscientes de todas aquellas cosas que están mermando nuestra salud nos ayuda a retomar las riendas de nuestra vida y a tomar decisiones más firmes, más claras y desde el corazón, para vivir una vida óptima y digna desde ahora y en nuestra vejez.

Nota. Información basada en el libro de Dr. Will Cole, “The inflammation spectrum” (2019), ed. Yellow kite.

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